lunes, 3 de abril de 2017

Andar por la calle de la amargura: De la pasión dolorosa a la pasión amorosa

  En este Bable la cosa de números y sus símbolos y relaciones con ciertos modos de pensar y organizar ideas siempre nos han sido interesantes. Mucho hemos hablado sobre el 4, sobre el 9, sobre el 7 y el 13 y ahora que documento más sobre la tradición del Altar de Dolores doy con algo que me remite a otro tema, el cual me es también interesante, el de las palabras y los refranes que tenemos en México.

  Sabemos bien que un buen número de refranes van asociados a las tradiciones católicas, como el que dice "Te lo digo Juan, para que me oigas Pedro" en franca referencia a una cita bíblica. O aquello de que "no te hagas que que la virgen no te habla", que nos recuerda el pasaje de una de las apariciones de la Virgen de Guadalupe. Ni que decir de que "se me fue el santo al cielo"... podríamos seguir.

  Ahora "descubro" que eso que continuamente se dice de "me trae por la calle de la Amargura", especialmente cuando el enamoramiento es tal que no se piensa en otra cosa más allá del ser amado, pensé fuera mera refranería popular y no más. No, no lo es.

  Sucede que la tradición del Viernes de Dolores, muy sentida por el Bajío, gira en torno a los siete dolores que María tiene a lo largo de su vida, uno de ellos, el cuarto refiere el encuentro de María con Jesús en el Vía Crucis, que fue cuando María pasaba por la calle de la amargura...

   "Verdaderamente, calle de la amargura fue aquella en que encontraste a Jesús tan sucio, afeado y desgarrado, cargado con la cruz que se hizo responsable de todos los pecados de los hombres, cometidos y por cometer. ¡Pobre Madre! Quiero consolarte enjugando tus lágrimas con mi amor". Quizá fue esa la razón de que se adoptara la idea para que en nuestros dichos refiramos el "andar por la calle de la amargura" como un sufrimiento, en este caso un sufrimiento por amor.

  Las imágenes corresponden a la celebración del Viernes Santo en Salamanca, Guanajuato, en el templo de San Agustín en 2016.

domingo, 2 de abril de 2017

De horas litúrgicas y comidas prohibidas

   Hace tiempo oí la palabra por primera vez, se trataba de una obra de teatro infantil (en el Foro Shakespeare) en donde hablaban de algo que ocurriría “en la hora prima”, luego cuando comencé a estudiar más sobre la Guerra de Independencia, un autor dice que eso que conocemos como Grito ocurrió en la hora prima. Ahora sé que la prima se refiere en término de las Horas Canónicas a las seis de la mañana pues sucede que en tiempos medievales que nos llegaron a México con la evangelización el reloj se entendía de acuerdo a los rezos y si las Horas comenzaban con la prima, había consecuentemente una segunda, tercera, etc., pero solo cada tercera hora destacaba, ya que era la hora de rezar. Se establecieron 7 rezos cada tres horas, de ahí que la Tercia refiriera a las 9:00, la sexta a las 12:00, la nona a las 15:00. Las vísperas a las 18:00 y las Completas a las 21:00. Se complementaban con los Laudes que eran “antes de amanecer”, que calculo las 5:00 y, una más, que es difícil de establecer, se llamaba Maitines, en total no eran 7 sino 8 las Horas Litúrgicas, 3 eran “Mayores”, 5 “Menores”. 

   Traigo a colación lo de las horas como eran conocidas anteriormente porque de ese modo nos será más entendible algún texto antiguo que la usa y regularmente nos quedamos con la duda de a qué hora del reloj actual corresponde la prima o tercia y me sorprendo al descubrir la relación que existe ente el concepto de hora litúrgica y la palabra en inglés para designar la tarde (noon), y más aún que había un reloj de sol asociado a estas horas llamado Reloj de Misas, que es el que vemos en la imagen. Veo, además, como ha permeado esta costumbre hasta nuestros días, en el que lo más común en los relojes es que se divida en cuatro y se marquen solamente los números 12-3-6-9. Todo esto va, además asociado con las costumbres que muchos tenemos de la cuaresma, especialmente a la abstinencia de carne, así que consultamos la Enciclopedia Católica y encontramos lo siguiente:

   “… en la temprana Edad Media, a lo largo de la mayor parte de la Iglesia Occidental, la Cuaresma consistía en cuarenta días de ayuno, y seis domingos. Desde el inicio de esa temporada, hasta su final, quedaban prohibidos la carne y los "lacticinia", incluso los domingos, y durante los días de ayuno sólo se hacía una comida al día, la que no podía realizarse antes de oscurecer […]. Pero ya en una época muy temprana (encontramos la primera mención de esto en Sócrates), se comenzó a tolerar la práctica de romper el ayuno a la hora de nona, o sea a las tres de la tarde. Sabemos, en particular, que Carlomagno, alrededor del año 800, tomaba su refacción cuaresmal a las 2 de la tarde […]. Este gradual adelanto de la hora de cenar se facilitó por el hecho de que las horas canónicas de nona, vísperas, etc., más que representar puntos fijos de tiempo, representaban espacios de tiempo. De tal modo, se llegó a pensar que la hora nona empezaba a mediodía, y ese punto de vista se ha conservado en la palabra inglesa noon, que viene a significar el tiempo entre mediodía y las tres de la tarde. La hora de romper el ayuno cuaresmal era después de vísperas (el ritual vespertino), pero gracias a un proceso gradual, el rezo de vísperas se anticipó más y más hasta que se reconoció oficialmente el principio, vigente hasta hoy día, de que las vísperas de Cuaresma podrían ser rezadas a mediodía

    “A lo largo de los siglos se reconoció que una cantidad fija de comida sólida, menor de seis onzas, podía ser tomada después de la bebida del mediodía. Puesto que esa bebida vespertina, cuando se comenzó a tolerar en los monasterios del siglo IX, se tomaba a la hora en que se leían en voz alta las "collationes" (conferencias) del Abad Casiano a los hermanos, esta pequeña indulgencia llegó a ser conocida como "colación", y así se ha llamado desde entonces […]. Para comenzar, se ha tolerado la costumbre de tomar una taza de líquido (por ejemplo, café, té e incluso chocolate) con un trozo de pan o una tostada temprano en la mañana. Y en lo que toca más de cerca de la Cuaresma, la Santa Sede ha concedido sucesivos indultos para permitir la carne como alimento en la comida principal, primero los domingos y después en dos, tres, cuatro y cinco días a la semana, hasta casi abarcar todo el período. Más recientemente, el Jueves Santo, en el que siempre se había prohibido la carne, ha venido a ser beneficiario de la misma indulgencia”


sábado, 1 de abril de 2017

De los permisos (indultos) que había para comer carne en la Cuaresma

  Para el siglo XVIII la Cuaresma se definía como "El tiempo que tiene determinado la Iglésia, en que se observe abstinencia y ayúno, a fin de que los Fieles se preparen dignamente, para celebrar la Resurrección de Christo después de su Passión y Muerte, y en memoria de los quarenta días que ayunó en el Desierto. Viene del Latino Quadragesima". En nuestros días más que ser una tiempo de observación es meramente una tradición que ha quedad en términos de cocina, tradición como tal, dudo que haya quien observe lo que antes, en la estricta regla, marcaba. Tiempo de abstinencia en todo lo que se puede entender como abstinencia asociada a los placeres, es decir a los cinco sentidos. Como prueba de ello tenemos  la cédula que vemos arriba la cual vi en Salvatierra, Guanajuato, y que dice lo siguiente.

  "Nuestro Santísimo Padre Pío Séptimo por un Breve de catorce de Junio de Mil Ochocientos y Cinco años, cometido exclusivamente a Nos, el Comisario General de Cruzada, se dignó extender a estos Dominios de Indias un nuevo Indulto concedido a estos para que todos los Fieles de ambos sexos, y de no y otro Estado Secular y Eclesiástico puedan comer Carnes Saludables, Huevos, y Lacticinios (guardando la forma del ayuno) en los días de Quaresma, y demás abstinencias del año, a excepción de las que abajo se expresarán: pero declarando por no comprehendidos en este privilegio a los regulares que estén obligados por voto a uso perpetuo de manjares Quadragesimales.

  "Por tanto, y porque vos Fr. Antonio de la Concepción, habéis contribuido con limosna de dos reales de plata acuñada y común que hemos regulado en virtud de la autoridad Apostólica que por dicho Breve de nuestro Santísimo Padre Pío Séptimo se nos concede, y recibís este Sumario os dispensamos para que podáis comer carnes saludables, huevos y lacticinios en los días de Quaresma, y demás abstinencias del bienio próximo de mil ochocientos once y mil ochocientos doce años, exceptuados solamente el Miércoles de Ceniza, los Viernes de cada semana de Quaresma, el Miércoles, Jueves, Viernes y Sábado de la Semana Santa o Mayor, las vigilias de Navidad de Nuestro Señor Jesú Christo, de Pentecostés, de los Bienaventurados Apóstoles San Pedro y San Pablo, con prevención de que para usar de este privilegio habéis de tener la Bula de la Santa Cruzada y además, siendo Eclesiásticos, la de [ileggible]. Dada en Sevilla a cinco de Diciembre de mil ochocientos diez y nueve años. Por impedimento de D. Patricio Martínez de Bustos.

  Vemos aquí varias cosas, una, que la Cuaresma era muy diferente a lo que actualmente es, como experiencia personal, recuerdo que de niño ya en la Semana Santa se nos prohibía oír música, incluso la radio y la televisión acostumbraban tocar música clásica del tipo Lacrimosa, se nos inducía a hablar en voz baja o, en todo caso, a permanecer en silencio pues era tiempo de duelo... cosa muy distinta a lo que ocurre en nuestros días. Y las regulaciones que había en tiempo Novohispano era aun mayores, pues la abstinencia de carne no era exclusivamente los viernes cuaresmales, sino todos los cuarenta días, de ahí que veamos en el documento que la autorización no incluían días específicos que se anotan en el Indulto. Y no era exclusivamente la carne la que no se consumía, sino los huevos y los nombrados "lacticinios", que son lo que ahora conocemos como lácteos. 

viernes, 31 de marzo de 2017

Ha quebrado el día, hagamos las once. De comidas, refacciones y palabras.

  Sabrás que soy bebedor, eso lo he manifestado en este Bable varias veces. No quiero decir que me tengan que sacar a rastras de los locales, eso nunca me ha sucedido, el beber ha dependido siempre de varias cosas, lugares, compañías (o soledades), horas del día y localidades en donde me encuentre y cual bebedor tengo una norma, aprendida porque la frase la oía de niño: "ya quebró el día" indicativo de que era la hora del primer trago. Eso se estilaba al mediodía, como se estilaba tirar un poco de agua, especialmente en estos días de estío, "para las ánimas benditas del purgatorio". Costumbres en vías de desaparición o que ya de plano desaparecieron.

   Nací en la década de los cincuenta, lo cual me indica que la frase de "ya quebró el día" viene de los treinta o de tiempos de la Revolución o de la Reforma... recordemos que los horarios de antes de la luz eléctrica eran muy distintos a los actuales y las jornadas comenzaban muy temprano, por lo que al mediodía las horas de trabajo habían sido ya varias, el hambre de seguro ya arreciaba, de ahí que el día hubiera ya "quebrado" y un aperitivo caía de maravilla. Pero la cosa va más atrás según me entero al leer en el Diario de Ajofrín un párrafo en el que dice de una costumbre novohispana, en la ciudad de México, sitio que visitó en 1764.

 Escribe el fraile franciscano de la Propaganda Fide: "Hacer las once es frase con que explican la refacción que toman esta hora, o con chocolate, o con aguardiente". Creo de ahí se origina lo que a nuestros días llegó como la quebradura del día. Esto nos conduce a averiguar lo que es el Almuerzo, el cual como palabra es sorprendente.

  "ALMUERZO. s. m. El primer alimento que se come por la mañána, y con el qual uno dexa de estar ayúno, por lo que tambien sellama desayúno. Regularmente suele ser de cosa ligéra y en poca cantidád. El orígen de esta voz segun discurre Covarr. viene del nombre Latino Morsus, que significa bocádo, y como de ordinário lo mas comun entre la gente populár el desayúno es de un bocado de pan, tanto que para expressarle dicen: Vamos à tomar un bocado: con el artículo Al se pudo formar Almorsus, y despues corrompido quedar en Almuerzo" (1).

   No pensé hubiera influencia árabe en el almuerzo, me refiero a la palabra, pero ahora ve que el "al" está presente debido a que fue el modo de suavizar, por así decirlo, el morsus. Interesante me parece ya que al poner un poco más de atención al abundante léxico vemos cuán importante fue la presencia de los distintos pueblos que pasaron por la Hispania y dejaron su huella... en este caso en el habla. Por cierto, hace poco veía que en España, en la propia España hay un concepto que para nosotros significa algo y para ellos otro, el Prehispánico, lo cual tenemos más que claro en México. Pero allá en España, al hablar de prehispánico, en ocasiones se refiere a lo que fue España antes de ser Hispania, es decir, antes de la presencia Romana.

   Que maravilla quebrar el día con un bocadillo de bacalao... o con unas gorditas... o con un mezcal y sus respectivos cabuches... y la lista podría seguir...

 hacer, o tomar, las once

1. locs. verbs. Tomar un refrigerio ligero entre las once y las doce de la mañana, o a diferentes horas de la tarde, según los países.

Real Academia Española © Todos los derechos reservados

Diccionario de Autoridades - Tomo V (1737)

REFACCIÓN. s. f. Alimento moderado, que se toma para reparar las fuerzas. Latín. Refectio. Ientaculum.

Fuente:

1.- REAL ACADEMIA ESPAÑOLA. Diccionario de Autoridades - Tomo I (1726)

miércoles, 29 de marzo de 2017

Un mundo al revés: la vida cotidiana en Nueva España

   Es del modo que Ajofrín lo define, no en tono cáustico sino, por el contrario, con cierta alegoría, modo que bien podemos considerar es su estilo. Nada de lo que el comenta lo hace diciendo que allá (en España) sea mejor, es bastante directo y, simplemente va describiendo lo que ve, ahorrándose todo juicio crítico; quizá sea esa la razón por la cual su libro se vuelve una delicia que disfrutamos página a página. Esta vez nos lleva a imaginar el mundo del sentido del gusto pues los comentarios que hace sobre el consumo del chocolate y de los dulces nos deja ver el modo en que en aquel 1764 eran consumidos por la Ciudad de México.

  “El uso del chocolate en toda la América es frecuentísimo; el más moderado lo toma dos veces, por la mañana y a las tres de la tarde; muchos lo toman tres veces; no pocos, cuatro veces, y algunos más. Por la mañana, y aun por la tarde, lo toman todos los criados y criadas, cocheros, lacayos, negros, mulatos; siendo tan común que hasta los arrieros, zapateros, oficiales de todas clases de gentes lo usan por tarde y por mañana. Y no dicen “tomar chocolate”, sino “beber chocolate”. Siendo muy de notar que aunque para labrarlo echan todos los materiales y en la misma cantidad que en España, nunca sale tan bueno, sin saber en qué consiste; sólo en Oaxaca se labra rico el chocolate. No se sabe si el ir el cacao de aquí a España contribuye con alguna cantidad en el rumbo para que allá sea mejor, al modo que sucede en el vino que camina al Norte. Hacer las once es frase con que explican la refacción que toman esta hora, o con chocolate, o con aguardiente.

 El consumo del dulce es igualmente grande, pues nunca beben sin preceder el dulce, y todas las comidas acaban con dulce, y hasta que le comen no beben, teniendo por costumbre inviolable no beber ni antes de la comida, ni en medio, sino a lo último, pensando que no se puede comer habiendo ya bebido. Con que sucede a los recién venidos (y a mí me ha sucedido algunas veces) que si piden agua a los sirvientes en medio de la comida, luego le quitan el plato si no están advertidos de ello. “¡Padre! ¡Y usted bebe ahora”!, me dicen admirados. El dulce que hacen es exquisito y delicado, y lo fabrican de mil géneros, ya con frutas y raíces del país, y ya de las que han venido de la Europa. Advirtiendo que el chocolate no lo hierven, pues dicen que así mata; por lo cual hierven el agua, deshacen el chocolate en ella y lo toman.

  En los días de festejo o cumpleaños, hay estilo en Méjico y demás ciudades de la América tener bailes, que llaman “fandangos”, en sus casas, a puerta abierta para todos los que quieran conviden. Cuando se hace entre gente de distinción, son estas funciones honestas, decentes y sosegadas, y bailando primero algunas danzas y minuets propios del reino, que son de bastante artificio y ligereza, prosiguen con los bailes de Europa alternando con letras y canciones ya del reino, ya de la Europa. Dura esta diversión regularmente hasta amanecer. Los fandangos de la gente común son nada decentes y en todo desordenados; beben mucho vino, aguardiente o pulque; hay muchas riñas y pendencias, y vienen a acabar en heridas y muertes.

  El traje, carácter y genio de los indios pondré después. El traje de las negras y mulatas es una saya de embrocar (a modo de basquiña pequeña de seda, con sus corchetes de plata, y por ruedo una buena cinta o listón), la cual traen sobre la cabeza por lo angosto de la cintura de la saya; traen sus guardapiés, que llaman “enaguas”, de tela de China, con flecos de Holanda o encajes ricos, y calzado honesto. Y esta hermosa prenda de honestidad, gravedad y decencia sobresale en todas las mujeres del reino, pero mucho más en las señoras.

  La demás gente pobre viste como puede; regularmente, los descalzos andan vendiendo zapatos, y los desnudos vendiendo vestidos. Las pobres mujeres y las indias no traen los niños delante en sus brazos, sino atrás, en las espaldas. De suerte que (decía un chistoso) todo es aquí al revés de la Europa: las basquiñas en la cabeza; las enaguas por fuera; los niños a las espaldas; los descalzos venden zapatos; los desnudos, vestidos; las lagunas dan más carne que pescado; los mosquitos van al agua” (1).


  Luego de dos siglos y medio de la visita de Ajofrín, en México seguimos al revés; por ejemplo, el consumo de refrescos es el más alto del mundo, siendo que en nuestro país se producen distintas frutas todo el año.

Fuente:

1.- Diario del viaje que hizo a la América en el siglo XVIII el P. Fray Francisco de Ajofrin. Vol I. Instituto Cultural Hispano Mexicano. México, 1964. pp. 79-81